En la actualidad es una ciudad de apariencia moderna y con un acelerado crecimiento demográfico, con estaciones marcadas por el calor intenso y los fuertes vientos pero también por la floración de sus árboles y las fiestas de sus barrios. Inmersos en la modernidad sobreviven muchos aspectos del Tuxtla tradicional: las comidas, los rituales, las leyendas, la arquitectura vernácula y, está por de más decirlo, su rica vegetación

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